La mujer que olvidó cómo amar.
Leyendo el periódico hoy, una noticia, de esas que pasan desapercibidas, llamó especialmente mi atención:
La mujer que olvidó cómo amar.
Víctima de un corazón roto a temprana edad, María ha olvidado cómo amar.
Los doctores diagnostican un futuro lleno de soledad y frustración. Después de revisar su historia clínica, concluyeron que María no siempre fue así. Disfrutaba la vida como todas las niñas de su edad. Pero María se enamoró de las películas “chica conoce a chico, se enamoran y viven felices para siempre”, y se hizo adicta a éstas. Los síntomas empezaron a presentarse cuando ella dejó de creer en el amor incondicional, seguido de una tremenda falta de confianza por mostrar sus sentimientos. Las mariposas en su estómago lograron escapar. Al poco tiempo, la piel de María comenzó a reaccionar ante las muestras cursis y detalles románticos. María luchó contra el tiempo, le pedía un poco de lágrimas para sentir el dolor de extrañar a alguien, imploraba un poco de miedo a la soledad, pero la vida le dijo no.
A pesar de los intentos por reparar su corazón, los doctores afirman:
“El cinismo de María ha abarcado gran parte de su corazón. María simplemente ha olvidado cómo amar. Cualquier intento por salvarla es en vano.”-
A pesar de que los doctores diagnostican una muerte segura en menos de 1 año, María afirma que aún espera un milagro que le devuelva el brillo a sus ojos y la esperanza al alma.
La noticia me dio un vuelco al corazón. ¿Podría ser yo la que ocupara el lugar de María en unos años?
¿Cómo puede uno olvidar cómo se ama? ¿Y cómo se aprende a amar?
Pensé que uno de los enemigos de la mujer millennial es el miedo a sentir. Miedo a decir te amo antes de tiempo, miedo a ser la primera en saludar, pedir perdón primero, enamorarnos más que la otra persona en cuestión. Y no sólo son esos miedos superficiales, sino que hay miedos más profundos. Ya no queremos arriesgarnos, “perder el tiempo”, sufrir en vano, no estamos dispuestas a abrir nuestro corazón, decir lo que pensamos o sentimos, ni mucho menos a confiar en cualquiera.
Ya no estamos dispuestas a sentir nada por nadie...
Y pensé en María. En cómo ese mismo miedo le recorrió las venas por tanto tiempo, hasta clavársele en el corazón, dispuesto a nunca jamás irse.
Y pensé en sus últimas palabras: Aún espera un milagro.
Y decidí que yo no voy a dejar que mi corazón se contagie de esa misma enfermedad. Yo le voy a hacer frente. Voy a ser más valiente que María. Yo no voy a dejar que el romanticismo muera en mi vida, desde ahora lo voy a buscar, sin importar cuán ingenua parezca ante el mundo. No importa cuántas veces me rompan el corazón, voy a seguir esperando el milagro, igual que María.

Comentarios
Publicar un comentario