De los intentos de reparar un corazón roto…



Me encontré un par de cartas que te había escrito para evitar que te fueras aquel día. Y te encontré de nuevo en la puerta de mi casa, portando tu mejor disculpa. Y me pregunté a mi misma, ¿por qué dejé que alguien rompiera mi corazón? ¿por qué lo rompí yo misma? 

Me puedo seguir mintiendo y diciendo que estoy mejor sin ti. Puedo tratar de olvidarte en un bar escuchando a mis amigas lo mucho que te odiaban. ¿Libros de autosuperación? ¿Yoga o meditación? Ya lo he intentado todo.

“Estoy bien, la decisión fue lo mejor para los dos y me siento tranquila.” Es lo que dices a todos los que te rodean, pero sabes que no es cierto…

“La verdad me siento cada vez peor, no te voy a engañar. No sé que haré a partir de ahorita. Pero si de algo estoy segura, es que la culpa de todo es tan mía como suya.” Es lo que nadie dice, pero todos sienten.

A mí también me rompieron el corazón alguna vez. Yo también busqué desesperadamente que alguien me amara, me dejé llevar por el primero que quisiera “salvarme”. 

Yo también me derrumbé incontables veces y dejé que la vida pasara frente a mis ojos sin intentar siquiera detenerla.
Yo como tú, creí en la gente, creí todas sus promesas y compré sus mentiras. También rompieron mis sueños, también me cansé de esperar y buscar. También sentí que la vida era injusta conmigo y que jamás encontraría el amor.

Pero eventualmente, llegó el día en que de verdad me dio pena verme frente al espejo y darme cuenta de la “víctima” en la que me había convertido. Me dio tanta pena haber ido por la vida contándole a todos lo miserable que era mi vida sin él, que decidí empezar a hacer una nueva vida, una digna de contarla a todos los que me rodean. 
Y así sin más, no necesité nada más que mi voluntad, para levantarme de la cama, ponerme guapa y salir a rescatar todo aquello bueno que quedaba de mi.

Recordé que antes de nadie, me debía a mi misma este nuevo comienzo. Recordé que tenía una voz y quise ser escuchada. Recordé lo mucho que valía, y decidí invertir en mí de nuevo. 

No tiene nada de malo llorarle al amor. No se tiene que esconder lo que en verdad se siente. Expresarlo con honestidad nos hace más humanos, no menos “fuertes”.

Lo cierto es que no existe una fórmula secreta para sanar un corazón roto. Lo único que nos queda es consolarnos con la esperanza de un mejor futuro, que seguro está por llegar. Llorar, cuantas veces sea necesario, pero siempre conscientes de que esto también pasará. 

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