Fugitiva
No limita sus sentimientos a la cronología socialmente aceptable. Posee una consciencia temeraria, capaz de desafiar las reglas históricas y los estatutos demandados. Por naturaleza, tiene la sabiduría y resistencia de sanar ante el amor no correspondido y ante el no valorado.
Abre puertas y ventanas donde sólo hay muros y prejuicios. Explota su locura hasta el punto más alto de la creatividad.
Desea luchar contra, para y por el mundo. Reconstruye su esencia y adapta sus mecanismos de defensa ante cada paisaje herido que contempla. No se dobla ante ningún parámetro de belleza ni situación económica. Es el arquetipo de cualquier logro histórico y no sabe cómo estar quieta y calladita.
Ha sido olvidada, callada, juzgada y violentada por muchísimo tiempo. Es un impulso más fuerte que la vida misma. Es el recuerdo de un amor apasionado, de una cicatriz que deja huella en cada paso que da, es el perfume que se impregna en la ropa, y luego va más allá, hasta formar una memoria de la verdadera belleza. Es el misterio que pocos logran comprender, pero que a todos enamora.
Es la voz que grita ante la injusticia, es la fuerza que nos impulsa cuando nos caemos, la venganza silenciosa que buscamos ante aquellos que midieron nuestra grandeza de los pies a la cabeza y no de la cabeza al cielo. La cuna de todas las ideas sin hacer y todos los pensamientos que están por nacer.
La sentimos en la piel, en el corazón, en el alma, la sentimos correr por las venas y despertar la adrenalina. Vive en las lágrimas, en los corazones rotos, en la desesperanza y el fracaso. Se alimenta del tiempo, del futuro, del espacio y de la inspiración.
Está más despierta en unas mujeres que en otras, pero aún anestesiada por la monotonía diaria y la fatiga de un mundo sin sentido, ella adormece, siempre a la expectativa del momento en que digamos “despierta, huye, es tu momento”.
Es cantante, bailarina, actriz, escritora, cocinera, maestra, amante, emprendedora, médica, analítica, desastrosa, loca, sentimental, reflexiva, irreverente, política y cuestionadora. Tiene su propia voz, y no pide permiso para hacerse escuchar, está despierta, latente, expectante. Se divierte disfrazándose de rebeldía y misterio.
El mundo pide muestras visibles de ella. Pero ciego, no la ve reflejada en las madres, poetas, aventureras, activistas, oficinistas, luchadoras, sobrevivientes, esposas e hijas. Todas ellas, evidencias inquebrantables del fuego interno de la mujer fugitiva.
No se esfuerza por ser nada que no desea ser. Es elegante y sabe decir que no, ignora cualquier molde extrínseco. Ella es todas las mujeres. Incluso la más insegura y reprimida de todas. Aparece cada que la llamamos. Reposa y conserva su lugar, esperando y anhelando la ocasión en que nos descuidemos, y ella pueda fugarse y bailar y volar.
Introvertida o extrovertida, considerada o egoísta, joven, feliz, infeliz, despeinada, soltera, amada, engañada, acompañada. La mujer salvaje nos pertenece, es parte de nosotras. Y para encontrarla de nuevo basta reír un poco del pasado, abrazar todo aquello oscuro, siniestro y no deseable que forma parte de nosotras e imaginar cómo sería la vida si la mujer fugitiva no durmiera más, sino que se despertara a la misma hora que nosotras, respirara nuestro mismo aire y usara los mismos tacones, diario, a cada momento.

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