De la soledad y otros dolores que quisiéramos nunca admitir…







Me encontré un día cantando en el carro, con la música a todo volumen. Me vi bailando a lado de mis amigas, loca, libre, ligera.
Y decidí que había olvidado cómo extrañarte. Sin darme cuenta dejé de pensarte. Pero hoy caminando en la calle, me di cuenta que no estaba sola.

Tu sombra me perseguía, y con ojos intrépidos, me pedía que no me alejara más. Comencé a caminar más rápido y al doblar la esquina, Soledad ya me estaba esperando. “¿A dónde tan rápido?”- me dijo.
Me vi acorralada, en un callejón sin salida. Soledad saltó sobre mi y me convenció de extrañarte hoy, aunque sea un poquito.
Y descubrí (de nuevo) las mil y un formas de extrañarte. Todas las que había adoptado en el pasado, vinieron hacía mi. Y a pesar de todos los años de prepararme para este día, Soledad me agarró desprevenida hoy.
La había evitado con éxito, y hoy me encuentra sin quererlo y sin esperarlo. Y cínica me dice: “Sé que eres fuerte y lo seguirás siendo. Pero no pude evitar pasar a saludar. Visita de rutina, ya sabes.”
Sí, ya sé…

En sus ojos vi el error que sigo cometiendo: confundirla siempre con Dolor. Y es que aunque son muy parecidas, y a veces las puedas encontrar caminando juntas de la mano, son dos sustancias con cuerpo y forma distintos.
Una pequeña dosis de Soledad en la vida sabe dulce, más de 2 onzas, pueden ser dañinas para el alma, incluso letales.
En toda receta de éxito, aprendizaje o felicidad, se recomienda una cucharada de dolor para preparar lo que viene.

¿Y qué pasa si Soledad y Dolor se juntan? Pues pasa que un recuerdo se cuela por la rendija del alma, y es ahí cuando empiezo a extrañarte.

Cuando sabemos que compartimos el dolor con alguien, y que no tenemos que cargar con él solos, el caminar se vuelve más ligero. Más ligero y más humano. Y me di cuenta que no soy la única que extraña, todos lo hacemos de distinta manera…

“Te extraño, al querer enfrentarme a uno de los retos más grandes de mi vida y saberte tan lejos de mí. ” Dany C.

“Extraño el peso de dos almas en mi almohada, compartiendo un nuevo amanecer…” Anónimo.

“Extraño no poder enviarte una invitación a mi nuevo logro y escucharte decir ‘siempre supe que lo lograrías’…” Jacqueline S.

“Me haces falta cuando se supone que deberías estar a mi lado. Cuando hago una pausa y veo pasar la vida sin ti.” Mariana N.

“Sentirme solo es sentir la angustia de no ver la hora en que vas a volver.”  Anónimo.

“Cuando veo a todos tomados de la mano, recuerdo cuando tomaste la mía por primera vez. Recuerdo tu olor, y lo nervioso que me pusiste.” Anónimo.

“Extraño escucharte por los pasillos cantando y extraño el olor de tu comida. Extraño que hayas sido el único que me dijera ‘muñeca’. Los extraño, pues marcaron un antes y un después en mi vida, uno del que nunca lograré recuperarme.” Car G.

“Extrañarte es querer correr a tus brazos después de un día difícil y saber que no estarás ahí para tomarme. Es soñar con hacerte parte de mi vida, y saber que ya te perdí.” Anónimo.

El vacío que siento después de leer un libro y no tener a quién contarle cómo revolucionó mi vida, o cómo lo detesté. Querer sentarme a tomar café a las 2am y escuchar qué piensas de mi nueva nota. Si hay un momento en que Soledad clava su mirada en mí, es justo ese.

Creo que lo más inteligente es dejar que Soledad venga y haga su visita obligada, y darle una buena despedida, sin pelearnos con ella. Agradecerle que vino y se fue rápido. Tal vez así sus visitas sean más esporádicas.

Soledad toca a la puerta a veces disfrazada del recuerdo de alguien que se fue y olvidó llevarse sus cosas, dejando un gran hueco en el alma, de esos que la muerte es especialista en perforar.
Te toma de la mano cuando caminas por un sendero difícil y te susurra al oído el nombre de quien quisieras tomara tu mano en su lugar. A veces se imprime por equivocación en un poema o canción que quisieras nunca más escuchar.
Tan irónico cómo que sigues aquí, cuando hace tiempo que te despediste.

A pesar de que aparezcas en los momentos más inoportunos, quiero pensar que apareces para que no me olvide lo que un día fue.  Me atrapas y tratas de editar todo lo que he logrado sin ti. Pero ahora me sabes más fuerte, con más recursos para pedirte que regreses en otro momento, ahora no, pues ando ocupada siendo muy feliz.


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