El que no supo cómo amarme



Dice Hemingway que nunca escribas de un lugar hasta que estés lejos de él. 

Y si no lo sabes o no lo sospechas aún, pues ya estamos bastante lejos. 
Pero no estoy triste, quiero que entiendas por qué. Cada día que pasé sin ti a mi lado, hizo más fuerte la convicción de entregarme a un amor que esté preparado para recibirme con los brazos abiertos. Y aunque lamento mucho que no hayan sido los tuyos en esta ocasión, me voy sabiendo que me quisiste como pudiste. 

Me hubiera encantado escucharte por última vez. Entender qué era eso tan profundo que te impedía amarme. 
Hoy me falta la voluntad para pedirte que no te vayas. Prefiero usar la poca que me queda para volver a correr por las mañanas y dejar de tomar tanto café (otra vez).

Hoy te quiero regalar todas mis palabras bonitas de amor. Porque las mereces. Porque me quisiste muy a tu modo, con mucho cuidado, con dificultad y equilibrio. Y aunque ambos sabemos que ya no es suficiente, antes sí lo fue. Y a mí eso me basta para quedarme con la mejor parte de ti. Con la sonrisa de niño que nunca se desvanecía al verme. Con esas ganas de besarme que siempre terminaban por escaparse. 

Hoy celebro la locura que un día nos unió. ¿Te acuerdas cuando empezaron las mariposas en el estómago al vernos? Yo también. Y también recuerdo que siempre estuve un poco más nerviosa que tú, pues no quería que todos mis desequilibrios emocionales te alejaran. Nunca lo hicieron. 

Hoy me enorgullece no haber renunciado a ti antes de tiempo. Duró poco o mucho, pero duró lo que tenía que durar. 
Sé que no es tu estilo hacerlo, así que gracias por bailar conmigo y darme tantas vueltas hasta que me mareara. 

Desde ese espacio intacto de ingenuidad que guardo dentro del corazón, te deseo un amor divertido, que te haga reír como yo lo hacía o más. Por favor busca a alguien que cuide de tu corazón, que te recuerde tomar tus vacaciones, que te abrace cuando más falta te haga y que pueda ver en esa sonrisa de niño, al gran hombre que eres. Te deseo un amor correspondido, natural, lleno de magia y largas caminatas. Te deseo muchos mensajes lindos por las mañanas y alguien que te acompañe a ver películas de miedo. Por favor quédate con quien pueda abrazarte y susurrarte al oído lo afortunada que es por tenerte entre sus brazos. Ojalá un día en oración te des cuenta de lo que le pedí a Dios que te enviara. Pero si nunca te das cuenta que fui yo quien lo pidió, no importa. No te pido mucho, como siempre. Sólo quiero que seas feliz. Sólo quiero que recuerdes cuando me ponía de puntitas para besarte y cuando te lastimaste un dedo por abrirme la puerta. 

Siempre decías que nadie llega a nuestras vidas por casualidad. Me voy sin saber aún si cambié un poquito tu vida. Me conformaría al menos con saber que acomodaste tus libros como te lo ordené…sugerí, pues.
Me voy sin enterarme de cuál fue la razón de mi intromisión en tu vida. Espero que sigas pensando que no fue una simple casualidad. Espero haberte querido con la dulzura y locura que siempre procuré. 

Me atrevo a pedirte un último favor: No creas todo lo que te dicen. No toda la gente ha aprendido a hablar sin juzgar.  Sólo tú sabes la inocencia y pureza con que siempre te quise, una que sólo los años me enseñaron a madurar. Así que no te dejes engañar por alguien que mide la madurez con la edad y no mediante la bondad y experiencia de un alma ingenua. No pienses con la cabeza, atrévete a pensar con el corazón. 
Te dedico con gran cariño mis palabras, pero son mías. Me pertenecen, me pertenezco. Ayer, hoy y siempre. 
Con esto te dejo ir al fin. Suelto tu mano a la que equivocadamente me aferré un día. 
Si tardé tanto en hacerlo fue tal vez porque inconscientemente te seguía esperando. Pero nunca llegaste, nunca me pediste que me quedara. 

Es difícil entender la inmensidad de un sentimiento cuando no es tuyo. Pero he aprendido a trabajar con lo que tengo. Así que esta vez me quedo con la capacidad de entrega y la enorme fe que inspira en mí, aún el que no supo cómo amarme, completa y constantemente.   

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Cómo perder a una mujer?

De los intentos de reparar un corazón roto…

Convirtiéndome en Jane Austen... (O intentándolo)