¿Te acuerdas de mí?


¿Te acuerdas de mí?

Me puse más necia, pero también más guapa. Estarías orgullosa de mí. Uso el cabello largo y los labios rojos. Me endeudé con mi propio carrito pero ya no le debo al banco. Bebo whisky, ya no uso brackets y hasta hago ejercicio. Maduré, creo. Me tendrías que ver.
Sigo teniendo esa cicatriz en la frente de cuando se me cruzó una pared mientras jugaba, ¿te acuerdas?

Cuando te conocí, nunca pensaste que un día me iba a gustar leer a García Márquez y Fitzgerald. Ya me leí toda su obra.  
La última vez que te llamé, no contestaste. Supongo que tenías mucho trabajo, tal vez te seguía recordando a alguien y no estabas lista para saber de mí. Fue eso, ¿verdad?
Me deshice de esas ganas de odiarte que tanto me estaban pesando, aunque confieso que no he podido tirar las botas que tanto detestabas.
Acomodé mis libros, por fin. Te encantaría ver cómo quedaron. Mi cabeza es la que sigue un poco desordenada, ¡pero si vieras qué pelazo me cargo!
No he podido terminar de escribir mi libro. Y la verdad ya no sé si es falta de talento o valor.

Lo cierto es que te extraño de repente. Cuando me da por cantar Arjona y citar a Austen.
Y tú, ¿te acuerdas de mí? Soy la loca de las conversaciones profundas, que no conocía de límites ni filtros. Todavía lloro cuando termino un libro, dejé de morderme las uñas, pero aún sigo culpándome un poco por el dolor ajeno.
Sigo equivocándome, mucho. Ya conocí a Taylor Swift, y no, no lloré (solo poquito). Canto las mismas canciones, aunque ya no tengo la voz de antes. ¿Te acuerdas?
Me siento cada vez más grande y cuando esto empieza a darme miedo, el espejo me recuerda que me sigo pareciendo como de unos 20.
Me volví más enojona y grillera, aunque te sorprendería ver lo ligera que viajo ahora.

No se me hace fácil decirte que me convertí en todo lo que no deseabas para mí, lo que nunca imaginaste.
Sigo sin pedir ayuda cuando tropiezo, me seco mis propias lágrimas porque me da pánico que alguien más lo intente. Perdí esa ingenuidad que tanto te encantaba. Soy dura conmigo, no me perdono fácil. Soy todo lo contrario a ti.
Apenas me acuerdo de ti. Pero no te olvido. Ha pasado tanto tiempo, que ya ni siquiera recuerdo por qué te fuiste. Sé que nunca pediste nada de lo que nos pasó, pero nunca nos dimos por vencidas, ¿te acuerdas?

¿Te acuerdas cuando me pediste que nunca dejara de reescribirme? Cuando me decías que el amor era lo más simple del mundo. Nunca imaginé que lo fuera a olvidar. ¿Te acuerdas? Porque yo ya me cansé de recordarlo todo.
Te recuerdo feliz y soñadora. Tratabas de sonreír siempre, a pesar de todo. ¿Dónde te escondiste todos estos años?

La última vez que estuvimos juntas, andabas perdida en las sombras del recuerdo de un hombre que no supo amarte. Uno que robó más de lo que le habías permitido. ¿Podrás perdonarlo algún día? Se está haciendo tarde, y no quiero que te arrepientas de nada.
La vida te agarró desprevenida, no estabas lista, aunque siempre digas que sí.

Estos días me recordaron cuánto daño te hice. Cuánto te hice huir y romperte. Te enseñé a nunca confiar en nadie ni dejarte amar, pues nadie podría amarte más que yo… ¿te acuerdas?
Perdóname. Ahora entiendo el daño que nos hice.
Quiero volver a donde empezó todo, aunque duela. Quiero rescatarte de ese lugar donde te dejé. ¿Me dejas?
He aprendido varias cosas que te serviría saber. No todos se van, te lo prometo. Ya eres suficientemente fuerte, todos lo sabemos. Ya no necesitas demostrarlo. ¿Podemos hacer ahora las paces, de una vez por todas? Te extraño, querida.

Porque sé que sigues ahí. Y te quiero de vuelta. Sé que pido mucho, pero te necesito.


¿Me perdonas? 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Cómo perder a una mujer?

De los intentos de reparar un corazón roto…

Convirtiéndome en Jane Austen... (O intentándolo)