Todos queremos querer a alguien



Todos queremos querer a alguien.

Todos queremos querer a alguien. No siempre. Sólo después de haber vivido lo que no es el amor. Sólo hasta entonces queremos querer de verdad. Con todo el dolor y la magia que eso implica.
Y es que llega un día, después de muchos años, que de verdad queremos querer a alguien.

Todos queremos tomar de la mano a alguien y saber con certeza, que la vida siempre nos tiene una sorpresa guardada.
Todos queremos mirar a alguien a los ojos y darle las gracias a Dios por darnos la bendición de vivir ese preciso momento.
Todos queremos escribirle poemas, dedicarle canciones y tomarle fotos sin que se de cuenta.
Y es que todos queremos, deseamos, amar a alguien con una fuerza que no pensamos que teníamos, que no parece de este mundo.
Soñar despiertos, escribir corazoncitos en los libros y cantarle canciones de Arjona.

Todos queremos querer tan ingenua e inocentemente a alguien que todas nuestras barreras y miedos se vuelvan una tontería inventada.
Queremos comprar un tiempo compartido en el corazón de alguien que haga de este mundo un mejor lugar para construir futuros. 

Todos nos quejamos del desamor, pero ¡cómo queremos querer a alguien!

Todos queremos sentir cómo los latidos del corazón nos delatan cuando besamos con los ojos cerrados.
Queremos encontrar un amor que, sin importar la edad a la que lo encontremos, nos haga sentir como niño en Disney.
Que no importa si ha pasado 1 mes, 1 día o 1 año, siempre se siente como la primera cita.
Todos queremos sentir la ilusión del primer amor (sin importar si es el 6to o el 7to) y sonreírle a la pantalla del teléfono por las mañanas. 

Todos queremos querer a alguien. Aunque digamos que hace tiempo dejamos de creer en el amor. Esperamos, nos desesperamos y nos damos por vencidos a veces. Nos equivocamos. Y de repente pasa. 
Queremos querer a alguien y luego ya no sabemos qué hacer con tanto amor acumulado.  Y así es como empezamos a querer, sin mucha idea de lo que estamos haciendo; enamorándonos porque sí, porque nos da la gana y porque parece lo más sensato que podríamos hacer. 

Todos soñamos con una historia de amor que multiplica su cursilería con cada año que pasa. Y luego conocemos a alguien que completa nuestros silencios, nos deja volar, nos impulsa a ser mejores y alimenta nuestra locura. Alguien que alienta nuestras pasiones y que se enamora de nuestra alma revolucionaria. 

Todos creemos saber lo que es amor (porque Austen jamás mintió!!) y hasta creemos que lo podemos describir. Todos creemos saber lo que es el amor, hasta que lo descubrimos.

Todos queremos que el Love Story de Taylor Swift se haga realidad (todo mundo ¿verdad?) hasta que caemos en la cuenta que la canción fue escrita para mí y sólo para mí, de verdad. 
Todos queremos encontrar a alguien que nos mire como todo el mundo mira a Trudeau. Hasta que lo encontramos y pensamos: "existe algo mejor que esto?"...

Todos queremos empezar de nuevo, sin miedo ni cicatrices. Tal como debería ser. Todos queremos olvidar la melancolía del pasado y enterrar todas las malas citas para abrirle la puerta a la única que nos hará creer de nuevo en el amor. Todos queremos confiar de nuevo y de repente empezamos a creer. 

Todos queremos amar a alguien así. Hasta que un día, pasa. 






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