Sin pedir perdón



Esta es para ti, si tú la que baja la voz cuando alguien la llama “loca” o “mandona”.

Oye tú, la del cabello despeinado y las uñas sin pintar. La que se frustra viendo blogs de ejercicio y vida sana mientras come la segunda rebanada de pizza. Te hablo a ti.

¡Qué bonita estás! Con esos ese espacio entre tus dientes que odias, esos kilos de más que adornan tu abdomen y esas marquitas en la piel que quisieras borrar. Te ves guapa soltera y con un novio que sabe amarte, también.

Te hablo a ti, la que quisiera el abdomen plano, las bubis más infladas o las piernas más torneadas. Cambia, opérate, si eso es lo que deseas desde el fondo de tu corazón. Pero si el ejercicio, el botox o el détox, no son lo tuyo, basta. Eres suficiente. Eres tan suficiente que no tendrías que usar esos costosos tratamientos para la piel. Eres tan suficiente que no debes compararte con nadie. Con tennis o tacones, muy segura de lo que quieres, o no tanto, eres suficiente. Tú, la que tiene miedo de tomarse una foto sin filtros o salir a la calle sin maquillaje, no te cubras ya más, por favor. Eres suficiente y el mundo necesita saberlo.

Tú, la que compra ropa de marca para ser aceptada y amada. La marca de tu bolsa no mide la bondad con la que te entregas al mundo. El largo de tu falda no determina el nivel de respeto que mereces, no lo olvides por favor. 

Te hablo a ti amiga, la que no puede dejar a ese hombre porque “qué vas a hacer sin él”. Te equivocaste, y está bien. No te mereces un amor así. Ten el valor de reescribir tu historia las veces que sea necesario. Sé fuerte. Un día va a tocar a tu puerta alguien con los ojos más bonitos y el corazón más grande de todo el mundo. Y me creerás cuando dije que no todos son iguales…

A ti, la que suele callar cuando alguien la intenta ridiculizar, objetificar, insultar, burlar o acosar. Habla, grita si es necesario. Pero ya no te calles, porque el mundo extraña el eco de tu voz. A ti, la que de tanto que escuchó el “así son los hombres” o “así es la cultura aquí”, ya se lo empezó a creer. No, no son así. Te prometo que no son así. Pero si tú los sigues excusando, vaya que así serán.

Oye, no celebres cuando a otra le vaya mal. No le pongas el pie. Si ya de por sí la tenemos difícil, no lo hagamos peor.  ¿Y si mejor nos empoderamos todas?  Tú, si tú, la que como yo alguna vez criticó a las que gustan de vestirse provocativas, o muy conservadoras, o diferente a ti. ¿Sabías que todas somos casi iguales? Todas somos valientes, fuertes y amamos la vida. Y todas quisiéramos cambiar algo en nosotras. Todas somos muy seguras de nosotras hasta que no lo somos. Todas tenemos inseguridades y alguna vez tuvimos un corazón roto. Y no pasa nada. 

Así que te digo a ti: No pidas perdón por amar incontrolablemente. No pidas perdón por tu “carácter fuerte”, ese que crees que aleja a muchos. No agaches la mirada cuando fracases. No renuncies a ese helado que tanto querías. Por favor no te calles cuando algo te molesta o crees que no está bien. Defiéndete y defiende a otros también, no toleres aquello que te lastime a ti o a cualquier otra.

Si alguien te interrumpe, no te calles. No eres menos. No eres sumisa y no eres “dejada”. Eres mucho más. Te ves bonita cuando eres rebelde, incómoda y haces lo que te viene en gana. No debes nada a nadie, lucha por tu libertad y no te sientas culpable por ello. No les creas cuando te hagan sentir que no mereces ser feliz.

Porque como una vez me lo dijo un hombre que amo con locura, porque acepta y admira mi pasión por la vida: “Las bubis con el tiempo se van a caer, pero tu forma de amar, jamás.”,  ¡vaya lección de feminismo de un hombre que no se calla cuando sabe que algo no está bien!

Y a ti, que crees que me apagué, aquí sigo: Gritona, inconforme, enamorada y muy feminista.

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