Todo empieza con un corazón roto


Todo empieza con un corazón roto.


Con muchas noches de llorar y otras de recordar. Todo empieza con las dudas que el pasado nos dejó y el miedo al futuro que nos heredó.
Empiezan las horas diarias que dedicamos al “qué hubiera pasado si…”. Empieza a doler el eco de las risas que aún suenan y los abrazos que tanta falta hacen. Empiezan las listas con preguntas que jamás tendrán respuesta y las palabras que rompieron algo.
Parece que todo acabó, que el amor se ha marchado para siempre de nuestras vidas y ese brillo en los ojos se apagó. De repente el silencio nos sabe a soledad, la cama parece muy grande y el orgullo más. Las cartas y las fotos pesan casi tanto como la culpa. Las noches son eternas y el olvido más. Parece que todo acabó.

Pero todo va comenzando. Todo comienza con un corazón que entiende al fin que, si su función es repararse para volver a latir y volver a sentir la vida, está dispuesto a hacerlo. El corazón roto está tan roto que sabe que tiene que estar bien.  Porque entiende que es responsable del sentimiento más importante del ser humano. Porque no hay nada más importante que amar. A uno mismo y más a los demás.
Justo cuando crees que ya no puedes lastimarte más, pasa. Y así, con todos los pedacitos en el suelo, el corazón se enaltece a sí mismo cuando le prometes que harás lo mejor para que vibre de nuevo.
Todo empieza cuando entiendes que no eres una víctima de la vida, simplemente un ser humano que ama y llora como cualquier otro lo hace. Cuando entiendes que todos intentamos amar a nuestro modo, y todos creemos ser expertos, cuando claramente fallamos.
Todo empieza con un adiós que no pedimos pero que tal vez necesitábamos. El amor cede su trono al perdón, si es que tiene la humildad y bondad de hacerlo. Y espero que así sea, pues una vida odiando a alguien, es una vida desperdiciada. La paz empieza a iluminar los pedacitos del alma cuando tenemos la capacidad de ver más allá de nuestro sufrimiento, y comenzamos a rezar por aquellos a los que no les resulta tan fácil admirar la belleza de la vida.
Todo comienza cuando nos resistimos a odiar y en su lugar, abrimos paso al siguiente nivel del amor: cuando deseamos con toda el alma la felicidad máxima del que ya no está a tu lado. Se ama incluso con el corazón roto en una mano y las ilusiones perdidas en la otra. Porque una promesa de amor no se desvanece cuando las cosas no salieron como queríamos. Porque se ama aún en el adiós.

Porque el amor se da sin medida o mejor no se da. Se entrega sin rencor ni soberbia. Se ama aún a la gente que no cree merecerlo, porque es la que más lo necesita.  Se ama sin condiciones y sin miedo. Se ama y se sacrifican un montón de cosas, aún cuando ya no podemos más, porque el corazón es cursi y anhela entregarse así a los demás. Así que no tratemos de ponerle etiquetas que no pidió: el amor no es una boda, ni un bonito departamento, tampoco es una vida sencilla, carente de problemas y peleas. No es un capricho de la edad ni mucho menos de tu soledad. No es una vida rosa llena de fotos y frases bonitas.
El amor implica cansancio y mucha voluntad. Coraje para no dejar ir y bastante humildad para pedir perdón y perdonar. El amor es dramático y lleno de pasión. Invita a discutir y no estar de acuerdo. Implica trabajo y paciencia, más de la que tenemos por supuesto. Amar es una decisión, presente en cada palabra y acción. El amor es suficiente por sí mismo. No hay nada más alto que él. No le hace falta nada. Y si no es más fuerte que la vida misma, que el egoísmo y los pretextos, entonces no es amor.
Todo empieza con un corazón roto dispuesto a perdonar incluso nuestros propios golpes. El corazón roto no posee nada, no tiene miedo a la pérdida ni al adiós. Perdona y olvida. Da su vida por nosotros y aprende a compartir lo que le queda de fuerza, aún que no sea mucha. Y si esto no es amor, ¿entonces qué sí lo es?






Todo empieza por ahí. Cuando nos damos cuenta lo inmensa que es la vida a pesar del dolor y lo pequeños que somos ante Dios. Todo empieza a hacer sentido con un corazón roto. La vida empieza a hacer sentido cuando así, rotito, el corazón a empieza a latir al ver la sonrisa de mamá, al abrir un libro, al ver los pies pequeñitos de un bebé y al ver cómo un enfermo se aferra a la vida. Todo empieza a cambiar un domingo por la tarde cuando las risas imparables en familia calientan el frío que sentiste antes. Todo empieza a vibrar de nuevo, y ahora con más fuerza.




Todo comienza con un corazón roto, dispuesto a levantarse mañana y amar más de lo que hizo ayer.

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