Sobre la mujer que dejé plantada...



 Resultado de imagen para Edward Hopper

Tenía una cita ayer por la tarde. Iba un poco nerviosa, pues no sabía bien cómo reaccionaría al verme después de tanto tiempo sin hablar. No quería ir, pero la soledad y costumbre casi me estaban obligando. A fin de cuentas, todos siempre regresamos a lo seguro, ¿no?

Recordé todas las noches que pasaba llorando y anhelando crecer y separarme de ti, ser lo suficientemente fuerte para soltarte. Pero no podía. Regresaba siempre a ti. A tu drama y falta de confianza. Aunque lo intentaba, tu autoflagelación me arrastraba de vuelta. La culpa siempre terminaba por convencerme que estar contigo era el único camino.
Me dolía verte sentada, esperando, con el dolor latente en tu mirada. Pero más me dolía saber que era una necia por querer seguir intentando estar contigo.

Y así, pensándolo bien, mejor cancelé la cita. Y nuestra cena del próximo viernes. Y mi fiesta de cumpleaños que viene y también en la Nochebuena. Ya no estás invitada cariño.

Ya no me da la gana verte de nuevo. Estoy cansada de que me regañes y me culpes por todo lo malo que pasa en el mundo. Ya no quiero verte. Estoy cansada de ti. Hoy rompo contigo. Lo siento, pero ya no podemos seguir así.

Porque quiero ser feliz con muy poco, porque me cansé de tu drama y prefiero quedarme sola con mi intensidad. Porque necesito desaprender tantas cosas que me enseñaste y soltar el rencor que dejaste.

Quiero cantar sola en el carro, andar despeinada, con los labios rojos y muy risueña. Quiero volver a escribir, aunque nadie me lea, aunque no sea suficientemente buena. Quiero correr 2 o 21 km y hacerlo por mí. Tomarme fotos sin que me critiques y bailar descalza las veces que me de la gana. Ya no te quiero. Estoy harta de tus exigencias. Porque ahora prefiero tener miedo a no saber qué pasará, antes que regresar contigo. Ya no podemos seguir juntas, lo entiendes, ¿verdad?

Porque ya no tengo 18 años. Ahora soy mayor y me siento más libre. Me cansé de andar contigo, con la misma que se quejaba todos los días de algo. Me haces extrañar lo que más quería. Los viernes con calcetines calientitos y un libro despiadado de esos que te roban el sueño. Creer en las personas que roban besos y no ilusiones. Tu “sabiduría” temprana me parece ahora aburrida e innecesaria. Quiero más perdón y pizzas de queso. El tiempo pasó volando y no me la creo hoy que desperté con un montón de tus recuerdos pegados. Es verdad que hemos pasado juntas de todo, y te agradezco el haberme empujado hasta este día, pero hoy debemos despedirnos. Ya no quiero ver atrás y mirarte triste, quiero nuevos días.

No vuelvas por favor nena, ya no quiero verte por las mañanas en mi reflejo.

He crecido unos centímetros, ahora me toca reinventarme. Y tú me sales sobrando, querida.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Cómo perder a una mujer?

De los intentos de reparar un corazón roto…

Convirtiéndome en Jane Austen... (O intentándolo)