Soy todo lo que me dijeron que estaba mal
Hoy me quedo en casa, sólo quiero llorar un rato, abrazarme. Me quedo a recordar mi voz militante del pasado, la que gritaba con rabia, decepción, ira, sed de venganza, vergüenza.
Esta vez quiero pensar en mí, en mi enojo, en mi historia. Diez años después, por fin lo escribo todo, lo hablo, lo recuerdo, le pongo nombre a lo que me pasó. Para no olvidar, para difuminar, para dejar claro que su nombre no empieza con mayúscula como el mío; lo escribo con otra tinta, en minúsculas, así de chiquito.
Para recordarme a mí misma que no fue mi culpa, ni del alcohol, ni de lo que llevaba puesto. Para recordarme que no estoy exagerando.
Pienso que hoy yo soy afortunada por escribir esto, viví para contarlo. Pero al mismo tiempo, lloro por todas las que ya no pueden contarlo, denunciarlo, gritarlo. La culpa del sobreviviente. Y sí, también quiero quemarlo todo, también quiero gritar, pintar paredes, y nunca más quedarme callada.
Pero este año me toca ser valiente desde el papel y la pluma.
Hoy la resistencia soy yo, desde mi casa, desde mis palabras, desde mi dolor.
Hoy mi lucha es volver a escribir un final, dejarle en puntos suspensivos a ese capítulo de abuso y sufrimiento. Aunque no pueda luchar por otras ahora, buscaré prender fuego debajo de mi superficie, para que algún día pueda ser espejo y fuerza para aquellas que sufren y luchan.
"Soy todo lo que me dijeron que estaba mal." Soy vulnerable y hago pausa cuando no puedo. Lloro y no me avergüenzo. Estoy rota y está bien, soy suficiente. Soy todo lo que me dijeron no debía ser. Soy sobreviviente, soy frágil y ahí me reencuentro con mi fuerza. Soy esa niña que reaprende todo lo que creyó que estaba bien. Soy mi voz cortada que sigue, no para. Lo único que no se ha roto después de todos los terremotos.
Así se escribe el dolor, de un golpe y sin pensarlo mucho.

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