Mi mejor historia
Hay una historia que siempre nos encanta contar, una que duele y sabe rico al mismo tiempo. Que requiere tácticas escénicas y una pasión desbordada para contarla a los demás. Una que nos encanta contar en cada reunión social.
Esa que le deja sal a nuestras pláticas, a nuestras memorias.
Hay una historia que siempre querremos contar, porque fue tan apasionante, que no puede permanecer callada.
Tú, el necio que hizo de mí una mujer impulsiva e indecisa, tú el que hacía parecer todo tan fácil de digerir, tú, el mismo canalla que me conquistó con tan sólo una sonrisa, tú eres mi mejor historia.
Hoy en día sigo disfrutando contarte, tú, la historia que marcó un antes y después en mi vida. Tú, el que me recordaba cada día lo importante que era el perdón y el olvido. El mismo que intentaba renacer con cada luna llena, el que me vio creer y crecer. El que me olvidaba cada que se encerraba en un mundo de miedo e inseguridad, un mundo al que jamás me dejaste entrar a rescatarte. Tú, el pequeño que necesitó que yo guiara sus pasos, ya no me necesita más, pues ese chiquillo aprendió a volar, pero sin mí a su lado.
La historia de cómo nos perdimos el uno del otro, no es más importante que la que relata cómo sobrevivimos tanto tiempo a base de sueños. Y sin duda, el final no hace justicia al inicio y clímax de nuestra historia, a todas las notas al pie que se hicieron, impregnadas de esperanza y admiración. El lento final, confuso, inconcluso también y un poco decepcionante, no se compara con el desarrollo de todos los paisajes que vi a tu lado, todas esas veces que corría a la puerta para abrazarte. Aún recuerdo todos los amaneceres que apreciamos juntos, todos los besos de despedida y las incontables peleas que terminaban siempre en cursis reconciliaciones.
Es difícil saber que eres feliz aún sin mí, cada foto sigue tan viva como los recuerdos. Duele escuchar tu nombre y no saber si estás pensando en mí.
Cada historia tiene su capítulo favorito, creo que el mío seguirá siendo cuando te encontré llorando pues habías soñado la vida sin mí.
Tú, el de la sonrisa adornada con hoyitos en cada lado, tú el impredecible y soñador. Te sigo sintiendo cada que cierro los ojos. Ahí estás amándome en otra vida, y espero impaciente por que llegue ese día.
Tú, con la sangre tan fría como el adiós, tú el que nació para volar, siempre serás mi mejor historia.

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